Pocas situaciones tan idealizadas como la de pedirle a alguien que sea tu novia.
Llevaba ya un tiempo largo (diría, MUY LARGO) sin tener novia, más allá de insípidos intentos intentando encajar con personas que si bien me parecían lindas o atractivas, había algo ahí que me detenía para hacer esa pregunta tan ordinaria que inclusive ahora creo muchos no se toman tan en serio como creo yo debería de hacerse; no me mal interpreten, siempre he creído que para sexo y buenos ratos ahí afuera hay muchas personas que pueden cumplir ese cometido sin que necesariamente debas de tener algo tan trascendental como un noviazgo.
Pero bueno, vamos al lío, el lunes pasado (18 de marzo) quedé de verme en el centro de la ciudad en dónde vivo con la dama en cuestión, debo confesar el acercamiento fue sumamente lento y en ocasiones cansino, pero a diferencia de otras, esta vez algo dentro de mí me dijo que debía seguir insistiendo, algo que no sé a ciencia cierta sí era porque antes hubo alguien con el que buscaba el mínimo vestigio del cariño que alguna vez existió... Y que esperaba ciertamente que aún existiera un poco de ello en ella, y la otra, quizá no tan ingenua, dónde pensaba que esto podría ser algo magnífico.
La cita era a las 3 de la tarde, algo me decía que debí haber llegado una hora después... Y así fue, las 4 marcó el reloj y ella llegó, tan despreocupada en su semblante, sabiendo quizá que ese contratiempo yo lo iba a pasar por alto, pero, siendo sinceros, en el tiempo en que esperé, mi cabeza hizo un revoltijo de ideas trágicas que bien podría escribir un argumento para una historia pseudoromántica, esas ideas pararon cuando la vi, es decir, hay gente con la que simplemente no te puedes enfadar de ese modo, porque al verlas sientes un alivio enorme dentro de ti.
La pregunta que todos hacemos alguna vez; ¿a dónde vamos?, se hizo presente, debo decir que en mis 26 años de robarle oxígeno a otros seres vivos nunca he sido muy bueno a la hora de escoger lugares para pasar un rato ameno, por suerte ella ya había propuesto un sitio cercano al punto de encuentro y de ahí emprendimos el andar, el camino fue del todo normal, platicar de esto y aquello, esquivando gente, cómo ir con alguien con quien llevase ya años de una amistad muy buena, cruzamos la acera, subimos la escalera y llegamos al sitio marcado, para la sorpresa de ella el lugar ya había cambiado mucho,pasando de ser un bar con cierto aire aspiracional a uno deportivo.
La plática seguía de los más normal, hablando de nuestra carrera y del futuro, las metas y ligeros esbosos de lo que haríamos saliendo de la universidad, entrando en polémicas un tanto absurdas y perdiendo el hilo de vez en cuando por mis tan comunes divagues que te llevan de un tema a otro; abro un paréntesis para hablar del servicio del sitio, un mesero excesivamente amable nos atendería, de esos que a veces incomoda tanta atención, pedimos 4 cervezas y una pizza con el nombre de un famoso Director Técnico de un equipo local y el tipo se fue, 5 min más tarde llegarían las primeras 4 cervezas... La pizza tardaría un poco más.
Para cuando la pizza llegó ya me había terminado las 2 cervezas, ella solo la mitad de una, algo en mí me hizo pedir 2 más, no sé si fue porque estaba la marca de la cual soy hasta cierto punto fan o porque necesitaba algo para tomar un poco de valor, pero terminé por ordenarlas, volviendo a ella, estar a su lado me era tan familiar, tan cómodo y tan natural que me hizo pensarme en ese momento "esto no es lo que tenía pensado" porque no me sentía incómodo o nervioso, no estaba ansioso, ni tenía la presión encima de mí, simplemente estaba disfrutando el momento, estaba siendo yo mismo, no tenía que guardarme, sólo dejarme ser.
Terminó el rato en el bar y para alardear un poco le pregunté si conocía a los personajes que estaban colgados en la pared ( en cuadros, aclaro, porque sino sería una imagen dantesca ); "Michael Schumacher, 7 veces campeón de formula 1" - le dije, a lo que ella contestó: "¿cómo sabes todo eso?"- y ese fue el detonante para que me explayara contando el que me gustan los automóviles y que uno de mis sueños de niño era diseñar los mismos, siempre poniendo atención genuina, tanto de ella para mí y viceversa.
Pero para no hacerles en cuento tan largo, y después de visitar una plaza local y una pizzería, la noche nos estaba llegando rápidamente, algo no tan grave si es que tienes un medio propio para ir de un punto A al B, pero algo complejo para quienes solo tienen sus piernas y el transporte público para desplazarse, en determinado punto ella me tomó del brazo, un tanto tímido al hacerlo, yo quería devolverle el detalle y la tomé de la mano, sabía que el momento era ese, y nada me haría pensar lo contrario.
Volvimos al punto de reunión, nos sentamos en una banca, por suerte a esa hora el lugar ya no presentaba la misma afluencia que en la tarde aunque aparecían los siempre molestos e inoportunos vendedores de quien sabe que tantas cosas con sus ya típicas bromas sin gracia, pero ni esos cabrones me iban a detener para hacer lo que debía hacer.
Abrí un paréntesis a la plática que teníamos para esa hora sobre la catedral frente a nosotros, y mis palabras fueron todo menos lindas; "bueno, supongo ya sabes que es lo que te voy a decir" - ella sólo rió, no sé si a modo burlón o de nervios, pero contesto afirmativamente, a partir de ahí mi discurso fue vergonzoso, sobre todo para alguien cuyos compañeros y maestros consideran que se expresa correctamente cuando debe de hacer algo formal, me sentí un tanto decepcionado de mí, pero parece que eso a ella no le importó, seguía riendo e inclusive ella ya tenía la idea de hacerme esa pregunta porque yo estaba procrastinando todo este asunto. De mí salió el tan ya trillado; "¿quieres ser mi novia?" y ella inmediatamente respondió sí. Un largo cortejo de más de un año había llegado a buen puerto, y quedó sellado por un abrazó tan cálido como hace mucho tiempo no lo había sentido, y un beso que desde hace tiempo estaba deseando... algo que me dejó pensando mientras estuvimos sentados ahí, fue el hecho de que fue la declaración de noviazgo más natural y cómoda que he tenido, cuando era algo que siempre había evadido o que se me complicaba más que problemas de trigonometría o ejercicios de lógica en filosofía.
Y ahora, una semana después considero que de eso se trata, de sentirte cómodo con quien estás, sin que te preocupes de los demás ni del lugar, ni de la hora, sólo disfrutando del tiempo que comparten, y que hasta cuando te dé un beso para despedirse te deje con ganas de pasar más tiempo a su lado.
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